Ruta y rutina

La palabra rutina se relaciona con ruta. Una ruta nos hace llegar a un lugar y a veces ese lugar no es otro que el final del día. Llegar a un lugar sin perdernos. Llegar al final del día sin perderse a una misma.  Creo que es un error pensar en una rutina como algo      que se hace igual cada vez.  Sí, podemos elegir tomar la misma ruta cada vez, pero no es necesario para llegar al destino. Porque hacemos rutas sin siquiera planearlo. Hace falta solo mirar atrás y la ruta se nos revelará. Por eso es que en tiempos de confinamiento es importante hablar de rutas, porque de lo que sí se habla mucho de rutinas: “No abandones por completo tu rutina diaria”, “genera una nueva rutina que te permita realizar todas tus actividades desde casa”, “elige tu rutina de ejercicio ahora que está cerrado el gym.” Como si rutina fuera sinónimo de disciplina o cabalidad. Cuando en estas circunstancias particulares, muchos de nosotros solo queremos llegar cuerdos al final del día.

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Parece también que al hablar de rutina viene implícita la monotonía. Por alguna razón estas palabras se relacionan entre sí en el argot cotidiano. Aunque por supervivencia todos hagamos un poco lo mismo cada día, hay una resistencia a nombrarle rutina a aquellas cosas que por frecuencia y repetición conforman la normalidad; porque nadie piensa que es motivo de alarde que su vida sea monótona. ¿Entonces por qué ahora que nos encontramos en una situación excepcional querríamos que nuestra vida continuara en un estado de apacibilidad continua cuando es evidente que la cotidianidad y todo lo que facilitaba esa “rutina” se suspendió indafinidamente? ¿Cuál fue la prisa que nos puso a esquematizar y planificar inmediatamente lo extraordinario de este resguardo? Por supuesto que hay quienes de esto no escaparon, dada la fortuna de seguir trabajando desde casa. Y si lo llamo fortuna es solo porque seguir trabajando desde casa significa seguir percibiendo un sueldo, que ya quisiéramos muchísimos, yo incluida.

Bien, salvo esas y otras excepciones ¿Por qué querer encajar esta pieza irracional dentro del rompecabezas de lo ordinario? Las rutas son inevitables, inevitablemente vivir nos lleva a algún lugar, últimamente mucho más a lugares en el tiempo que a desplazamientos largos.

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Quizás si nos dejamos arrastrar por lo extraordinario nuestra ruta se llenaría de otras cosas, todas esas que no caben en la “rutina” (que ahora entrecomillo por descubrirme inconforme con el significado más común de la palabra.), pero que son también piedras que forman un camino. El desasosiego también puede guiarnos, si bien por caminos inciertos y dolorosos, caminos que se abren entre el pánico hacia el encuentro de lo brillante, lo tenebroso, lo que está ahí aguardando ser descubierto. Quizás otras rutas nos lleven a mejores preguntas sobre cómo habitar la emergencia, la vela continua. O mejor, tal vez nuevas rutas alejadas de la rutina, nos puedan conducir a nombrar el acertijo de cómo volver a habitar la cotidianidad de un mundo que desapareció de nosotros, que cuando despertemos ya no estará ahí sino tal vez en forma de holograma, de simulacro de sí mismo.

 

Mariana Moyers

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