Perseguir la utopía o por qué expulsar a los agresores del Teatro

A poco más de un año de que el movimiento Me too asaltara las pantallas no solo en nuestras redes sociales, sino en las noticias a nivel mundial, la pregunta sobre qué se debe hacer con los agresores que forman o buscan formar parte de instituciones que validen su trabajo artístico, sigue abierta, y en México hay aún una enorme resistencia por parte de las mismas, a pronunciarse por una reglamentación clara, sobre si aceptan o no que agresores, incluso confesos, laboren o sean beneficiarios de ellas.

 

¿Porque las instituciones no se atreven a expulsar y rechazar a los agresores de los espacios institucionales de trabajo, así como de los apoyos que de ellas emanan? Quizás no han asumido el fenómeno que implica ser un espacio de validación y representación a nivel nacional; ser beneficiario de estas instancias es un privilegio, un apoyo y un reconocimiento no solo al trabajo del artista sino al artista en sí, porque les permite vivir de ello, les permite acceder a una comodidad económica temporal que en muchos casos se vuelve permanente, puesto que dichos apoyos les permitirán obtener otros similares, más visibilidad y en muchos casos, contar posteriormente con el derecho a tomar la  decisión sobre quiénes serán los próximos en acceder a estos privilegios; promoviendo que quienes solaparon, encubrieron y apoyaron sus violencias sean parte de estos círculos, negando así la credibilidad de las víctimas, quienes a menudo quedan sin posibilidad de acceder a dichos privilegios, puesto que quienes tienen poder de decisión sobre ellos, por el fenómeno antes mencionado, no van a beneficiar a quienes amenazan su poder y ponen en riesgo su reputación.

 

Lo que aquí estoy queriendo decir, más concretamente es que los agresores no deben tener acceso a apoyos institucionales, no solo por resarcimiento del daño, que es compromiso de toda la sociedad, sino porque estos violentadores, en la mayoría de los casos operan de manera sistemática, es decir, que replican estas violencias a mayor o menor escala en los lugares dentro de los que se desenvuelven y potencialmente, volverán a lastimar física, psicológica o emocionalmente a sus compañeras, amenazando incluso el buen funcionamiento de un equipo de trabajo. Para los agresores que ejercen violencia misógina, sus compañeras son potenciales blancos para ejercer esas violencias (así funciona la misoginia, las mujeres, solo por serlo, son vistas como presas y objetos de uso para desechar en ellas el odio interiorizado, muchas veces inconsciente, que los lleva a violentarlas de diversas maneras). Respaldados también por el imaginario del amor romántico, muchas veces somos las mismas mujeres quienes normalizamos estos comportamientos, aún cuando es bien sabido hoy en día cuán contrario es este a una relación de equidad y cuidado mutuo (que falsamente creemos que nos ofrece).  Menciono lo anterior porque es bajo la misma lógica y dentro del mismo imaginario que permite, normaliza y romantiza la violencia, que las compañías  e instituciones siguen dando espacio los agresores: “porque va a cambiar o ya cambió” “ porque creo que solo lo hizo una vez” “porque eso fue en el pasado, nosotros no lo vamos a dejar” «porque esa es su manera de crear» o peor “porque eso no nos incumbe”. Así entonces, bajo esas falsas y débiles premisas, es que las instituciones y compañías deciden dar segundas, terceras y cuartas oportunidades a dichos individuos, cuando no es porque de hecho comparten y permiten de antemano estas violencias en sus espacios.

 

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Captura de pantalla via Facebook sobre algunos preseleccionados para formar parte la Compañía Nacional de Teatro, (Junio 2020)

Las disculpas

Que quede claro: Las disculpas deben servir para dar justa razón y resarcir el daño a  las victimas, quienes han sido cuestionadas aún con el valor y peligro que conlleva haber puesto sus nombres para validar sus testimonios; que han sido revictimizadas hasta el cansancio y quienes, dadas las consecuencias emocionales y psicológocas que muchas veces conlleva exponer públicamente el caso, tienen que recurrir (si es que no tuvieron que hacerlo desde antes) a procesos de acompañamiento psicológico, que son una inversión extra de tiempo y dinero. Las disculpas públicas son principalmente y ante todo, para apoyar a las víctimas, no herramientas de reincorporación de los agresores.  Una disculpa no asegura en ningún sentido que un agresor dejará de violentar, ni mucho menos que se hará responsable de las violencias ejercidas.

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Fragmento de una carta de disculpas de un Director de Teatro donde niega sus violencias, quizás aprovechándose de que las declaraciones en su contra fueron anónimas, pues qué actriz joven iba a querer arriesgar su carrera al señalar directamente a una vaca sagrada del Teatro. Captura de pantalla via Facebook.

¿Cuál es el lugar de los agresores en los espacios de creación?

Está en cada compañía independiente la decisión de dar lugar a los agresores con las consecuencias que ello implique, para ello son independientes. Cada compañía trabaja conforme a su ética, si es que la tiene. En el caso de las instituciones, es completamente diferente dado el compromiso social que tienen al recibir y tener la capacidad de otorgar apoyos provenientes del erario (mismo caso el de las compañías estatales y de organismos autónomos como la UNAM). Yo más bien preguntaría ¿acaso no es posible incorporar en sus nóminas y apoyos a creadores y creadoras que no cuenten con estos antecedentes, que incluso ponen en entredicho los compromisos éticos de la institución (como si este país no tuviera una deuda histórica con las víctimas)? ¿Por qué la urgencia porque los agresores puedan volver a contar con ese derecho? Bajo esta urgencia por proteger primero a los agresores y velar por sus intereses es que se llega a estatutos repudiables como nuestro nuevo sistema de justicia penal, donde efectivamente, se protege al agresor a tal grado que se omiten las consecuencias para el mismo, omitiendo también los derechos de las víctimas. Resarcir el daño y redimirse ante la sociedad es un proceso largo pero posible (por poner un ejemplo están los integrantes de la Compañía de teatro Penitenciario, algunos de los cuales fueron privados de su libertad precisamente por crímenes relacionados con el machismo), sin embargo, no nos saltemos ese proceso ni dejemos que los agresores se lo salten (aún fuera de la cárcel, que es donde muchos deberían estar) en aras de querer reincorporar a quienes más que desear poner alto a sus violencias, desean no perder sus privilegios.

 

Mariana Moyers, Creadora Escénica

 

 

*Esta reflexión sucedió en el contexto de una serie de publicaciones en Facebook que cuestionaron a instituciones como la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y  la Compañía Nacional de Teatro, apoyada por el FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes) (México) por (en el caso de la UNAM) haber tenido a un golpeador entre los integrantes de una de sus compañías y a la Compañía Nacional de Teatro por haber preselccionado al mismo agresor, múltiples veces señalado no solo meses, sino días antes de la publicación de estos resultados. Aquí la liga a los textos publicados en redes sociales sobre las declaraciones acerca  las agresiones físicas perpetradas por este agresor, mismas que han inspirado este texto.  https://www.facebook.com/plugins/post.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fmarianamoyers%2Fposts%2F10157411710698225&width=500» target=»_blank» rel=»noopener»>Denuncia pública por violencia doméstica y cuestionamiento a la CNT

 

 

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